Deudas, garantías y activos

SPV inmobiliario
en conflicto

Un SPV inmobiliario bien estructurado aísla el proyecto y protege a los inversionistas. Cuando el diseño tiene fallas — en el gobierno, en las garantías, en los mecanismos de salida — el conflicto entre socios o con el desarrollador puede paralizar el proyecto y destruir el valor que la estructura buscaba proteger.

El SPV — sociedad de propósito especial — es la estructura más usada en el desarrollo inmobiliario privado en Chile. Una SpA o SRL constituida exclusivamente para un proyecto: compra el terreno, obtiene los permisos, financia la construcción, vende las unidades, y distribuye las utilidades. El activo central está aislado del patrimonio personal del desarrollador y de los inversionistas. Esa separación patrimonial es exactamente lo que justifica la estructura. Cuando funciona bien, protege a todas las partes. Cuando tiene fallas de diseño, la misma estructura que debía proteger puede convertirse en el instrumento que atrapa el activo y paraliza el proyecto. Los conflictos en SPVs inmobiliarios en Chile combinan tres dimensiones simultáneas: el conflicto entre socios, el conflicto sobre el activo inmobiliario, y frecuentemente el conflicto con el financiamiento bancario que sigue corriendo mientras las partes no se ponen de acuerdo.

La estructura que protege — y sus condiciones

Un SPV inmobiliario cumple su función cuando está correctamente diseñado desde el inicio. Eso significa que el estatuto de la sociedad contempla mecanismos de gobierno que permiten tomar decisiones operacionales sin depender de la unanimidad de los socios, que los derechos de los inversionistas están claramente definidos — incluyendo qué retorno esperan, en qué plazo, y con qué garantía —, que existen mecanismos de salida para el caso de desalineamiento entre las partes, y que la estructura de garantías interna protege al inversionista si el proyecto no rinde.

Cuando alguno de esos elementos falta o está mal diseñado, el SPV no protege — solo aísla. Y aislar sin proteger puede ser peor que no tener estructura: el activo está adentro de una caja que tiene reglas, y si esas reglas no fueron bien escritas, la caja puede ser muy difícil de abrir.

Los conflictos más frecuentes en SPVs inmobiliarios chilenos

Desalineamiento entre el desarrollador y los inversionistas sobre el rumbo del proyecto

El desarrollador quiere vender las unidades a precio de mercado actual. Los inversionistas quieren esperar a que el mercado mejore. O al revés: los inversionistas necesitan liquidez y quieren vender ahora; el desarrollador quiere seguir desarrollando. Sin mecanismos de decisión claros en el estatuto — quórums, criterios para la toma de decisiones estratégicas, mecanismos de desempate — ese desalineamiento puede paralizar el proyecto indefinidamente.

El desarrollador que administra el SPV en beneficio propio

El desarrollador que también es el administrador del SPV tiene acceso a los flujos del proyecto, a los contratos de construcción, a las relaciones con los proveedores. Si usa esa posición para contratar con empresas relacionadas a precios superiores al mercado, para desviar oportunidades de venta, o para pagarse remuneraciones excesivas, el inversionista puede perder valor de manera silenciosa mientras el proyecto sigue operando formalmente. Las acciones de responsabilidad del administrador disponibles según la forma jurídica del SPV son el instrumento relevante, pero requieren prueba de la conducta cuestionada.

El inversionista que no puede salir

El inversionista aportó capital al SPV y espera retorno al final del proyecto. El proyecto se demora más de lo previsto. Las utilidades no llegan. El inversionista quiere recuperar su capital, pero la participación en el SPV no tiene comprador y el estatuto no contempla ningún mecanismo de salida anticipada. Está atrapado en una estructura diseñada para un horizonte de tiempo que ya venció.

El financiamiento bancario que presiona a todos

El SPV tiene un crédito constructor con garantía hipotecaria sobre el terreno. Los plazos de ese crédito vencen. El banco ejecuta la garantía independientemente de si los socios se pusieron de acuerdo o no. El activo central del proyecto — el terreno y la construcción sobre él — puede perderse mientras los socios siguen discutiendo. La presión bancaria frecuentemente es el elemento que fuerza una resolución — para bien o para mal.

La garantía interna que no funciona

El inversionista recibió garantías de retorno — un pagaré del desarrollador, una hipoteca sobre el terreno a su favor, un derecho preferente sobre las utilidades. Pero esas garantías fueron mal constituidas, o el inmueble ya está hipotecado al banco en primer grado y la hipoteca del inversionista es de segundo grado con valor insuficiente, o el pagaré está por prescribir. La garantía que el inversionista creía tener puede valer menos de lo que suponía cuando llega el momento de ejecutarla.

El gobierno del SPV — la variable que define todo

La diferencia entre un SPV que resiste el conflicto y uno que se paraliza ante él está casi siempre en el diseño del gobierno corporativo. Eso incluye tres elementos que deben estar en el estatuto o en el pacto de socios desde el inicio.

El primero es la estructura de decisiones. Qué puede decidirse unilateralmente por el administrador, qué requiere acuerdo de los socios con mayoría simple, qué requiere unanimidad o quórum calificado, y qué ocurre cuando ese quórum no se forma. Un SPV donde las decisiones operacionales relevantes — precio de venta de unidades, contratación de constructoras, distribución de flujos — requieren unanimidad de todos los socios es un SPV diseñado para el conflicto.

El segundo es el mecanismo de salida anticipada. Si un inversionista quiere salir antes del término del proyecto — por necesidad de liquidez, por desacuerdo con el rumbo, o simplemente porque cambió su situación —, ¿cuál es el procedimiento? ¿A qué precio se valúa su participación? ¿Quién tiene el derecho de comprarla primero? Sin esos mecanismos definidos de antemano, la salida anticipada requiere negociación bajo presión, con el activo inmovilizado mientras dure.

El tercero es el mecanismo de rendición de cuentas del administrador. El desarrollador que administra el SPV debe rendir cuentas de su gestión con periodicidad definida, con acceso de los inversionistas a los estados financieros, y con un procedimiento claro para la aprobación o impugnación de esas cuentas. Sin ese mecanismo, el inversionista pasivo — que no participa en la gestión diaria — no tiene visibilidad sobre lo que ocurre con su capital hasta que es demasiado tarde.

Las acciones disponibles cuando el conflicto ya está instalado

Cuando el conflicto en el SPV ya existe y el diseño no contempló los mecanismos para resolverlo, el mapa de instrumentos disponibles es el mismo que en cualquier conflicto societario — con la particularidad de que hay un activo inmobiliario concreto cuyo valor se deteriora con cada mes de impasse.

La rendición de cuentas del administrador es el primer instrumento: exigirla formalmente, revisarla en detalle, e identificar si hay conductas cuestionables que abran acciones de responsabilidad. Los estados financieros del SPV, los contratos celebrados, las actas de directorio o junta — todo eso debe revisarse antes de definir la estrategia.

Si hay conductas del administrador que configuran apropiación de recursos, conflicto de interés no revelado, o desvío de oportunidades, las acciones de responsabilidad disponibles según la forma jurídica del SPV son el camino. Esas acciones tienen el efecto adicional de crear presión negociadora real: el administrador que enfrenta una acción de responsabilidad tiene más incentivo para negociar una salida razonable.

Un instrumento frecuentemente subestimado pero muy efectivo como palanca negociadora es la solicitud de designación de interventor judicial sobre la sociedad o sobre el activo — como medida precautoria dentro de un juicio de rendición de cuentas o de responsabilidad del administrador. El interventor no paraliza la operación pero pone ojos externos sobre los flujos del proyecto, y esa sola presencia frecuentemente desbloquea negociaciones que estaban estancadas sin necesidad de llegar a sentencia.

Si el problema es de bloqueo de decisiones sin conducta cuestionable del administrador, el mapa se estrecha. La disolución judicial por justa causa puede ser el instrumento de último recurso — pero su disponibilidad concreta depende de la forma jurídica del SPV y de lo que diga el estatuto específico. En todos los casos, la presión del financiamiento bancario — si existe — es una variable que no puede ignorarse: el banco no espera que los socios se pongan de acuerdo, y su capacidad de ejecutar la garantía hipotecaria sobre el terreno es el reloj que corre en paralelo a cualquier estrategia judicial.

Análisis concreto

Lo que este análisis no puede responder sin conocer su situación

Los conflictos en SPVs inmobiliarios son especialmente dependientes del análisis concreto porque la interacción entre la estructura societaria, el activo inmobiliario, y el financiamiento externo crea combinaciones que no tienen respuesta genérica.

¿Qué tipo de sociedad es el SPV — SpA, SRL, SA — y qué dice el estatuto sobre gobierno, quórums y mecanismos de salida? ¿El desarrollador tiene conductas cuestionables que configuren responsabilidad del administrador, o el conflicto es de desalineamiento legítimo sin culpa específica? ¿Hay financiamiento bancario sobre el activo, en qué plazo vence, y eso crea urgencia que no puede ignorarse? ¿Las garantías que tiene el inversionista — hipoteca de segundo grado, pagaré, derecho preferente — son ejecutables en la práctica, o hay cargas preferentes que las vacían? ¿El valor del activo inmobiliario supera las deudas del SPV, o hay riesgo de que una liquidación forzada destruya valor para todos?

Esas preguntas definen qué instrumento activar primero, en qué orden, y con qué urgencia.

Conclusión

Un SPV inmobiliario bien estructurado es una herramienta poderosa. Uno mal estructurado puede convertirse en la trampa que aísla el activo del desarrollador y al inversionista simultáneamente, sin que ninguno de los dos pueda salir sin destruir valor.

La diferencia entre los dos escenarios frecuentemente está en decisiones que se tomaron — o que no se tomaron — al momento de constituir la sociedad. Cuando el conflicto ya está instalado, la estrategia debe considerar simultáneamente el plano societario, el plano inmobiliario y el plano del financiamiento. Ignorar cualquiera de los tres puede hacer que la acción correcta en un plano produzca consecuencias no anticipadas en otro.

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¿Tiene un conflicto en un SPV inmobiliario?

Si está en un conflicto dentro de un SPV inmobiliario — ya sea como inversionista, como desarrollador, o como socio en desacuerdo — en SouthTerra podemos analizar la estructura, identificar los instrumentos disponibles en cada plano del conflicto y definir la estrategia que corresponde según los hechos concretos.

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